Desde junio de 2025 la accesibilidad web obligatoria dejó de ser una recomendación bonita para convertirse en una exigencia legal con multas detrás. Y la mayoría de empresas españolas todavía no se ha enterado. En Octonove llevamos meses recibiendo la misma llamada: alguien ha leído algo sobre la nueva normativa, ha entrado en su web con miedo y no sabe si lo que tiene le vale o le va a costar un disgusto. Este artículo es la respuesta larga a esa llamada. Qué dice la ley, a quién obliga de verdad, qué hay que tocar en una web normal y cuánto cuesta ponerse al día.
Qué obliga exactamente la Ley 11/2023
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La norma que lo cambia todo es la Ley 11/2023, de 8 de mayo, publicada en el BOE, que traspone al ordenamiento español la Directiva europea 2019/882, más conocida como European Accessibility Act. Su aplicación efectiva arrancó el 28 de junio de 2025 en toda la Unión Europea.
El planteamiento es sencillo de resumir: si vendes productos o prestas servicios digitales, tienen que poder usarlos también las personas con discapacidad visual, auditiva, motora o cognitiva. No como un extra. Como parte del producto.
Lo que sorprende a casi todos nuestros clientes es el alcance. Aquí no hablamos solo de webs de la administración pública, que llevan años obligadas. Hablamos de comercio electrónico, banca online, transporte, telecomunicaciones, servicios de reserva y, en general, cualquier servicio prestado a consumidores por vía electrónica.
A quién afecta la normativa (y quién se libra)
Esta es la parte que más confusión genera, así que vamos por partes.
Están obligadas las empresas de más de 10 trabajadores que ofrezcan productos o servicios digitales a consumidores dentro del ámbito de la ley. Una tienda online con doce empleados entra. Una plataforma de reservas de un grupo hotelero entra. Un banco entra.
Tienen exención parcial las microempresas: menos de 10 trabajadores y menos de 2 millones de euros de volumen de negocio anual. Ojo con la letra pequeña, porque la exención cubre la prestación de servicios, no la fabricación o distribución de productos.
Y aquí viene el matiz que se le escapa a mucha gente. Que tu empresa esté exenta hoy no significa que puedas olvidarte del tema:
- Si creces y pasas de 10 empleados, entras. Y adaptar una web mal construida a posteriori sale bastante más caro que hacerla bien de entrada.
- Si trabajas como proveedor de una empresa obligada, te van a pedir que tu parte cumpla.
- Si concurres a licitaciones o a ayudas públicas, la accesibilidad ya aparece en los pliegos.
Nos ha pasado con más de un cliente de Cartagena y Murcia: la web se rehízo hace tres años, funciona, vende, y de repente un cliente corporativo le pide una declaración de accesibilidad que no puede firmar. Ahí es cuando el tema deja de ser teórico.
Qué significa WCAG 2.2 nivel AA en una web real
La ley no describe cómo debe ser un botón. Se remite al estándar técnico, que es WCAG 2.2, las pautas de accesibilidad del W3C, en su nivel AA. Son 56 criterios entre el nivel A y el AA.
Dicho así asusta. En la práctica, cuando auditamos una web corriente, los incumplimientos se concentran siempre en el mismo puñado de cosas:
| Qué falla | Cómo se ve en tu web | Dificultad de arreglo |
|---|---|---|
| Contraste insuficiente | Texto gris claro sobre blanco, botones con poco contraste | Baja |
| Imágenes sin alt | Un lector de pantalla lee «imagen» y punto | Baja |
| Formularios sin etiqueta | Campos con placeholder pero sin label asociada | Media |
| Navegación por teclado rota | No puedes llegar al menú con el tabulador | Media |
| Foco invisible | Pulsas tabulador y no sabes dónde estás | Baja |
| Jerarquía de encabezados | Saltas de H1 a H4, o hay tres H1 | Baja |
| Vídeo sin subtítulos | El vídeo corporativo de portada | Media |
| Componentes hechos a mano | Menús, pestañas y modales sin roles ARIA | Alta |
Las seis primeras filas se resuelven en cuestión de días sobre un diseño web bien construido. La última es la que se lleva el presupuesto, y es justo la que aparece cuando la web se montó a base de plantillas y plugins acumulados durante años.
Las sanciones: de 301 euros a un millón
El régimen sancionador de la Ley 11/2023 gradúa las infracciones en leves, graves y muy graves. Las cuantías van desde 301 euros en el tramo más bajo hasta un millón de euros en las muy graves.
Conviene bajar las expectativas de drama, eso sí. Nadie va a recibir una multa de un millón por tener un contraste flojo en el pie de página. Las sanciones altas están pensadas para incumplimientos sistemáticos y para quien ignora un requerimiento previo. Lo habitual es que el procedimiento empiece por una denuncia o una inspección, y que la primera consecuencia sea la obligación de corregir en un plazo.
Ahora bien, hay un efecto colateral que en nuestra experiencia preocupa más a las empresas que la multa en sí: quedarse fuera de ayudas y subvenciones públicas, y perder contratos con clientes que sí están obligados y no quieren arrastrar el riesgo.
Cómo saber si tu web cumple hoy
Antes de contratar nada, puedes hacerte una idea razonable en una tarde:
- Pasa un analizador automático. Lighthouse, que viene incluido en Chrome, te da una puntuación de accesibilidad por página. Es un termómetro, no un diagnóstico.
- Navega tu web solo con el teclado. Tabulador, Enter, flechas. Sin ratón. Si no puedes completar una compra o enviar el formulario de contacto, tienes un problema serio.
- Amplía al 200%. El texto tiene que seguir leyéndose sin que se rompa el diseño ni aparezcan barras horizontales.
- Quita el color mentalmente. Si la única forma de saber que un campo está mal es que se pone rojo, no cumple.
- Escucha tu web. Activa el narrador de Windows o VoiceOver en Mac y recorre la portada.
Los analizadores automáticos detectan alrededor de un tercio de los problemas reales. El resto solo sale con revisión manual, que es exactamente lo que hacemos en una auditoría técnica del sitio cuando el cliente nos pide evaluar en qué estado está.
Qué se toca en una web WordPress para cumplir
La buena noticia es que WordPress parte de una base decente. La mala es que los constructores visuales y los plugins mal elegidos la destrozan con facilidad.
El trabajo suele ordenarse así:
- Paleta y tipografía. Ajustar colores para llegar a la ratio de contraste 4.5:1 en texto normal y 3:1 en texto grande. Es el cambio más rentable: barato y afecta a todas las páginas.
- Plantillas del tema. Corregir la jerarquía de encabezados, marcar las regiones de la página y garantizar un indicador de foco visible.
- Formularios. Etiquetas reales, mensajes de error descritos con texto, agrupación correcta de campos.
- Menús y componentes interactivos. Aquí es donde suele estar el trabajo fino, sobre todo con megamenús y carruseles.
- Contenido existente. Revisar el alt de las imágenes del blog y del catálogo, y los enlaces con textos genéricos.
- Multimedia. Subtítulos en los vídeos y transcripción si hay audio.
- Declaración de accesibilidad. Una página pública que explique el grado de cumplimiento y ofrezca un canal de contacto.
Un aviso, porque nos lo preguntan mucho: los widgets de accesibilidad que se instalan en dos clics y ponen un muñeco flotante en la esquina no hacen que tu web cumpla. Superponen una capa de ajustes sobre un código que sigue estando mal. Sirven de parche visible, no de solución, y en algunos países ya han generado demandas precisamente por dar una falsa sensación de cumplimiento.
Accesibilidad y posicionamiento van del brazo
Hay un premio que casi nadie cuenta. Buena parte de lo que exige la accesibilidad coincide con lo que Google lleva años pidiendo: HTML semántico, jerarquía de encabezados coherente, textos alternativos, enlaces descriptivos, rendimiento decente y contenido legible.
Cuando ordenamos una web para que cumpla WCAG, casi siempre mejora también su rendimiento en buscadores. No es magia, es que ambas cosas premian lo mismo: una web bien construida. Si además estás trabajando el posicionamiento web del proyecto, la inversión se aprovecha dos veces.
Preguntas frecuentes sobre la accesibilidad web obligatoria
¿Mi web de empresa con 5 empleados está obligada?
Como microempresa de menos de 10 trabajadores y menos de 2 millones de facturación tienes exención en la prestación de servicios. Aun así, si vendes online o trabajas con clientes corporativos, te lo van a acabar exigiendo por contrato.
¿Cuánto cuesta adaptar una web a la normativa?
Depende del punto de partida. Una web bien construida se ajusta con una revisión de contrastes, alt y formularios. Una web montada con plantillas acumuladas durante años puede requerir rehacer plantillas y componentes, y ahí el coste se acerca al de un rediseño.
¿Sirve instalar un plugin de accesibilidad?
No por sí solo. Un plugin puede ayudar en tareas puntuales, como revisar contrastes o detectar imágenes sin alt, pero el cumplimiento se consigue en el código y en el contenido, no con una capa superpuesta.
¿Quieres saber en qué punto está tu web?
En Octonove llevamos más de diez años construyendo y manteniendo webs, y la accesibilidad se ha convertido en una de las primeras cosas que revisamos cuando entra un proyecto nuevo. Si no tienes claro si tu sitio cumple, lo suyo es empezar por un diagnóstico honesto: qué falla, qué es urgente, qué puede esperar y cuánto cuesta cada bloque.
Podemos revisar tu web y decirte exactamente eso, sin venderte humo. Si después quieres que lo ejecutemos nosotros, perfecto, y si prefieres pasárselo a tu equipo, también. Cuéntanos tu caso y le echamos un vistazo. Y si lo que necesitas es alguien que se ocupe de forma continuada de que la web no se degrade, ahí entra nuestro servicio de mantenimiento web.